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miércoles, 5 de diciembre de 2012

Pulpodcast 1 x 12 Octubre 2012

Hace demasiado que no escribo nada original para el pulpo ni para el blog (desde las entradas de Boogerman y la mierdipeli de SF) por motivos personales. Mayormente porque me siento una puta mierda infecta purulenta y sidosa al sol de agosto. Más o menos. En cualquier caso al menos sí que grabé un Desvariando para el podcast más genial y fetén que parió La Gran Puta. Espero que os guste. Aquí tenéis el podcast y mi participación está creo a partir del minuto 1:02 o algo así, pero os recomiendo que lo oigais enteros, of course...

 

Como siempre pediros que dejéis vuestras opiniones aquí, en la página oficial de El Pulpo o en la misma de la descarga de Ivoox.

 Aquí tenéis el texto en versión correpajillera casi sin depurar, porque como era para leer... En cualquier caso os perdéis el sensual sonido de mi cavernosopajillera voz de palomo... Vosotros mismos. Acoki:



Desde tiempos inmemoriales el hombre a buscado el divino don de cambiar el aspecto y valor de algo en otra cosa más valiosa. Plomo en oro, agua en vino, tetas flácidas de vieja en pechotes turgentes y jugosos, quinielas en millones… Hace miles de años en Mesopotamia y Egipto existía una cosa llamada alquimia que no era otra cosa que una mezcla de química, magia e ilusionismo que buscaba, mediante el uso de la piedra filosofal, la rápida obtención de, no nos engañemos, cantidades industriales y desmesuradas de poder, riqueza y bienestar social. Lo que viene siendo pasta gansa. En el mejor de los casos no pasaba de una burda representación de prestidig…. Prestrig… prestidrita… joder, trucos de magia barata para engañar a algún pobre tonto comprando un potingue para cambiar el talco por pólvora, el cristal por diamante o el agua en aceite. También es cierto que la historia está llena de personajes que practicaban dicho arte y alardeaban de ello, haciendo un uso muy promiscuo de unas fortunas que no parecían tener fin…

Cuarto milenarismos a parte, que para eso ya tenemos a Iker Jimenez, todo esto viene a colación de una conversación con mi hijo el mayor. Simplemente hablábamos de juegos viejunos (para variar) dejando caer alguna recomendación para mi  hijo al mismo tiempo que buscábamos en youtube algún video para ilustrar mis opiniones y ver si a Sergio, mi hijo, le podía interesar ese juego. Benditos emuladores…


En fin, como siempre todo tornó en un baño de nostálgicas batallitas, una hemorragia de añoranza y recuerdos borrosos que no hacían si no ponerme los pelos como jodidas escarpias… Mi hijo en ese momento se quedó pensativo y dijo algo así como que “los juegos de antes no son tan distintos a los de ahora”. Al ver mi cara de sorpresa continuó su aseveración: “es como tú has dicho muchas veces a la abuela con la música o el cine, que no es que ahora sea peor, es que es distinto”. Totalmente cierto.


Lógicamente yo no soy el mismo niño de los 80 y ni por asomo el joven atractivo y sexualmente activo de los 90. Los dosmil trajeron para mí una convivencia con la que es hoy mi pareja y la paternidad ha cambiado toda mi percepción de la realidad (para bien y para mal). Como es lógico no puedo mirar los juegos de ahora como miraba aquellas maravillas de mi specrum 48k o mis Game&watch. Sin embargo a través de los ojos de mi hijo todo se ve distinto…


Sea un ghouls and ghost, un super mario world, un smash bros o un skylander todo es nuevo y fresco para él. Su criterio no entiende de viejo o nuevo ya que todo es novedoso y tan sólo distingue por el estómago como diciendo “hoy me apetece comer esto”. Lleva emuladores en sus consolas portátiles, se ha pasado Obobos Big Adventure en un par de ocasiones, le encanta que le ponga consolas de esas de las estanterías y probar los últimos cartuchos que vienen por el correo. Pero por otro lado como es lógico lo pasa genial con el último pokémon o cosas así…


Diréis que qué tiene que ver todo esto con el rollo que os he soltado al principio sobre química para magos frustrados, ¿no? Muy sencillo, todo esto viene a propósito de la última frase que tuve ese día con mi hijo.


“Son sueños, ¿verdad papá? Los videojuegos son los sueños de la gente convertidos en diversión”… Vale, ahora tras tanta azúcar podéis ir a por un chute de insulina, pero que mi hijo sea una inocente personeja no le quita razón alguna. Simple y efectiva alquimia. Eso son los videojuegos. Ideas y conceptos, deseos y anhelos, aspiraciones y amor, todos convertidos en diversión y pasión. Como decían en la peli de Watchmen como convertir el aire en oro. Lógicamente cualquier tipo de arte se podría tomar así. Coge una partitura o un lienzo y si tienes suerte los transformarás en dinero…


Sé que todo esto lo hemos hablado una y mil veces por twitter y de forma interna en Pulpofrito. Pero a mi me encanta que mi hijo lo haya descubierto por él mismo. Supongo que tomando todo como algo nuevo nada es tan malo ni nada es tan bueno… Los DLCs para él no son malos y se volverán algo común, ya que no el no ha vivido en la que todo eso venía gratis de forma digamos escondida en el juego. Una saga no la verá como prostituida porque para el cada entrega es prácticamente nueva… Quieran los Dioses del Metal que nunca pierda esa inocencia…


Desde que tengo uso de razón este hobby me quita el sueño. Amo y respiro videojuegos como otros supongo lo harán con el futbol, la literatura o mujeres hombres y viceversa. Por motivos de fuerza mayor ahora he tenido que dejar prácticamente de jugar y escribir sobre este aspecto de mi vida que indudablemente ha marcado de forma importante mi carácter. Como dijo Calderón de la Barca “La vida es sueño y los sueños, sueños son” se podría extrapolar a los videojuegos.


Los videojuegos, al igual que la literatura, el cine o la música, nos hacen reir, llorar, aprender, disfrutar, evadirnos e incluso soñar. Es curioso, pero últimamente mi hijo duerme fenomenal mientras que yo no pego ojo…

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